jueves, 13 de noviembre de 2014

Mil maneras de amar: El juego del amor

-No estoy enamorado de ti
Se lo soltó así, de sopetón, mientras conducía para llevarla a casa, bajo la lluvia. Una frase acorde con el tiempo.
-¿Y? -respondió ella sin apartar la vista de la calzada.
Él la miró unos segundos, extrañado. No se esperaba aquella respuesta. Se esperaba todas la respuestas del mundo menos aquella. ¿Y? ¿Y? ¿Qué cojones significaba aquel "¿y?"? ¿Significaba que ella no lo amaba a él? ¿Que no le daba importancia al sentimiento que movía el mundo? ¿Que no le creía? ¿Qué quería decir? Aquel juego se le había vuelto en su contra. Esperaba haber visto en su rostro alguna señal que le dijese hacía dónde iban, si valía la pena dejarlo todo por ella. Pero nada más lejos de la realidad. Con un "yo tampoco a ti" la señal habría sido muy clara, aquella noche habría sido la última. Si ella se hubiese puesto a llorar habría sabido que ella sí lo amaba a él y sabría qué camino tomar. Pero su indiferencia lo había noqueado. Y ahora no sabía qué decir, sólo preguntar por aquel "¿y?".
-Sí - le dijo ella, fría como el acero -. ¿Y? ¿Qué problema hay? Yo tampoco estoy enamorada de ti.
¿Tampoco está enamorada de mi? No entendía nada. Sus hechos no coincidían con sus palabras. Ella hacía cosas que a él le daba a pensar que sí estaba loca por sus labios, por su cuerpo.
-Pero.... No te entiendo.
-¿Qué no entiendes? - le preguntó ella, esta vez mirándole a los ojos.
-No entiendo que me digas que me amas mientras follamos si no estás enamorada de mí. No entiendo que cruces la ciudad para verme sólo un par de horas. No entiendo que hayas dejado tu cómoda vida por mí. No lo entiendo.
-Dime, ¿qué es para ti estar enamorado?
Aquella pregunta le sorprendió. No sabía qué responder.
-Pues no sé, supongo que dejarlo todo por alguien. Yo quiero a mi lado a una mujer que lo dé todo por mí y yo por ella. Supongo que eso es amor. Recibir y dar.
-Pues eso, no estoy enamorada de ti. No lo voy a dejar todo por ti. No quiero dejar mi trabajo por ti, ni mis hijos, ni mis estudios, ni los domingos de cine. No pienso dejar nada por ti, y espero que tú no me lo pidas, porque si fuese así tendría la certeza de que eres tú quien no me ama a mí. ¿Crees que el amor es dedicación a una persona? ¿Que si cambiase mis momentos de soledad para pasarlos contigo te amaría más de lo que te amo? ¿Crees que pedirme que lo deje todo por ti significa que tú me amas más que yo a ti, que no soy capaz de pedirte que dejes nada por mí?
-¿No te sentirías alagada si yo me fuese a vivir a tu mismo edificio? ¿No demostraría mi amor por ti si te tratase como a una reina, si te hiciese la vida más fácil, si dijese que sí a todas tus peticiones? ¿Te demostraría mi amor si fuese tu geisha pero en hombre?
-No -respondió ella seria-. Serías un gilipollas, un calzonazos, un pagafantas, un hombre carente de carácter, inseguro, débil. No me gustan los hombres así. Si lo dejases todo por mí, yo te dejaría a ti.
 Nos empeñamos en ponerle nombre a cualquier relación. Que si amigos con derecho a roce, que si novios, que si marido y mujer... Eso son chorradas de culebrones, de películas de adolescentes. Para mí el amor es algo muy serio, es el altruismo expresado a la infinita potencia, y sinceramente, yo no moriría por ti, y espero que tú tampoco por mi. Es cierto que te digo que te amo mientras follamos, y no miento, pero esa maldita palabra salida de mi boca no significa lo que tú crees. O no lo sabes interpretar. ¿Prefieres que te diga que te quiero? Sabes que no me gusta esa palabra, significa posesión, y no quiero que seas mío, no quiero que dependas de mí. Llevamos juntos un año, creo que te conozco, sé cómo eres, y sigo contigo porque me gusta lo que veo. Estoy aquí, ahora, en este coche porque me siento feliz cuando estás a mi lado, porque eres un hombre inteligente, atento, cariñoso, sincero, responsable, y muy guapo. No sé si tú a todo eso le llamas amor. Por mi parte puedes llamarlo como quieras. Puedes llamarlo amor, cariño, amistad, atracción. Llámalo como te dé la gana. Yo sé lo que siento, y si me llamas mañana te cogeré el móvil, y si no me llamas pues esperaré. Y si me canso de esperar, te llamaré yo. Y si no me lo coges pues te enviaré un mensaje, y si no respondes dejaré de intentarlo. Y si quieres hablarlo, perfecto. Y si no quieres hablarme pues sabré que lo que yo siento por ti no es lo mismo que lo que tú sientes por mí, y con pena te diré adiós y seguiré con mi vida como lo he hecho siempre que me han dejado o yo he dejado. No, no me suicidaría por ti, hay que ser gilipollas para suicidarse por otra persona. Sí daría la vida, pero no me suicidaría. No te llevarás es gustazo -y ella le sonrió-.
>>Mira, yo no sé si estoy enamorada de ti o no. Soy feliz así. Ambos tenemos obligaciones, eso tenemos que respetarlo y entenderlo. Ambos llevamos vidas muy distintas, nos gustan cosas que al otro no le gustan. Pero respetarse, entenderse, hablarse, confesarse el uno al otro, eso sí creo que puede parecerse a lo que creo que tú llamas amor. Tú me respetas, me entiendes, me siento libre. ¿Sabes cuánto tiempo hacía que no me sentía encadenada a un hombre? Mucho. Y por eso, cada día que pasa me siento más unida a ti. Porque pasan los días y no me haces sentir que sea de tu propiedad. Soy consciente que el juego del amor es pasárselo bien con una persona hasta que te lo pasas bien con otra. No me bastan los "no estoy mal" o los "me tratan como a una reina", yo quiero ser feliz. Y a tu lado soy feliz. Y me gusta sentir mariposas en el estómago cada vez que te veo. Y cuando deje de sentirlas te lo haré saber. Esto es así. Así es el juego de "tu" amor.
Él la miró sorprendido y tras unos segundos sonrió.
-¿Lo ves? Por eso te amo -le dijo.

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