martes, 9 de diciembre de 2014

Reflexión de noche: Amargados buitres

Quién no se ha preguntado alguna vez qué ha hecho uno para merecerse lo que le pasa. Yo sí. Me lo he preguntado a menudo. Y en el caso del que voy a hablar, me lo estoy preguntando en estos momentos. Y no, no tiene nada que ver con problemas económicos o de salud, hablo de algo que para mí es peor que eso, hablo de esos "amigos" vampiros que te chupan hasta la última gota de sangre que queda en tu cuerpo, aquellos que te sumen en una profunda desesperación, que intentan bajarte con ellos a su infierno. Hablo de esos perros de hortelano que ni comen ni dejan comer. Y sí, para mí es peor que otros problemas porque uno no escoge el Euribor que quiere pagar, o no puede evitar a un tarado que viene en contra dirección, o debe soportar a familiares impuestos. Para mí es peor porque a mis amigos los escojo yo, y en estos casos he errado en mi elección, y aunque somos humanos me da por culo equivocarme. Hablo de esa gente que no soportan ver que eres feliz, de esos capullos que dicen ser tus amigos y que cuando les cuentas emocionado que has encontrado el amor de tu vida en vez de un "me alegro por ti, ojalá te vaya bien", te sueltan un "no va a funcionar, no es para ti" y se quedan tan anchos mientras uno se queda de pasta de boniato pensando qué cojones le pasa a este. Hablo de esas personas egoístas y egocéntricas, de esas garrapatas que intentan hacerte la vida imposible creyendo que actuando así dejarás tu felicidad a un lado para que ellas vuelvan a ser tu foco de atención. Hablo de esos "amigos" envidiosos y mal follados que desean que todo vuelva a ser como antes, de esos cerdos que se alegran de tus desgracias, de esos que te dan la espalda porque no les has hecho caso al tomar sus imparciales consejos. Aquí una advertencia. Si tu vida es triste y aburrida es problema tuyo, tú la has escogido, no hagas pagar a los demás tus desgracias. Cuando me ha venido un amigo y me ha comentado un problema lo último que he pensado ha sido en alegrarme, y cuando me han dado una buena noticia lo único que he pensado ha sido que ojalá le vaya bien porque se lo merece. Está claro que no todo el mundo es como yo, pero hay que ser hijoputa para desearle a un amigo que sea infeliz. Esta gentuza me da asco. A decir verdad me dan asco todos aquellos que se creen el centro del universo, que creen que sin ellos soplando tus velas vas a ir seguro a la deriva. No hay nadie imprescindible, esto lo aprendí hace muchos años, algún día os daréis cuenta. Esos desgraciados que no saben hacer otra cosa que tocar los cojones cuando tú, su amigo del alma, ese idiota que se ha preocupado por ellos en los malos momentos y se ha alegrado con sus alegrías, estás en uno de los momentos más bonitos de tu vida, en los que quieres que tu nueva pareja comparta contigo y con ellos esos alegres momentos que tú tanto relatas y te das una y otra vez contra un muro de hipocresía. Sí, por desgracia todos, o la mayoría, tenemos a nuestro alrededor vampiros sociales, y algunos tienen más de uno. Hay que ser cabrón. Todos, seguro, que conocemos a alguien así, alguien que nos jura amistad hasta que ve peligrar su privilegiado status. Son amigos nuestros mientras vaya todo como ellos lo han planeado, y si el tren descarrila te vuelven la espalda en el mejor de los casos o te putean hasta que dices basta. Está claro que uno se lo niega al principio, él no es así, te dices, está pasando por un mal momento en su vida privada y aún tiene que asimilar mi buena noticia. Y una mierda. Su momento malo perdurará por los siglos de los siglos porque alguien tan malo no puede tener una vida tranquila y feliz. La envidia es el deporte nacional de este país y los cementerios están llenos de Judas Iscariotes. No quiero perder tampoco la ocasión de criticar aquí a otra especie de amigos, no tan malos como los anteriores pero sí más irrespetuosos. Son es@s amig@s que están a tu lado por el simple hecho de pegarte un polvo para saciar su curiosidad. No están enamorad@s de ti, ni lo estarán jamás, simplemente eres un trofeo en sus vitrinas. Gente egoísta y caprichosa que no les importa que tengas pareja para estar ahí y hacerte suy@s en el momento más inoportuno, cuando tienes las defensas bajas. Éstos me recuerdan a aquellos soldados rusos que cercados en Stalingrado, helados de frío, ni siquiera esperaban a que sus compatriotas muriesen para rajarles el vientre y así comer su hígado aún caliente. Sí señores, y de esta calaña hemos escuchado numerosas veces que son nuestros amigos. Seguro que en Stalingrado alguno también oyó eso de "yo estaré ahí hasta la muerte, para lo que necesites", aunque les faltó decir que "más te vale que no pase yo hambre ni frío porque entonces estás jodido". Es increíble como se te devuelven en ocasiones los favores hechos o los momentos en los que te convertiste en su almohada. Conozco de primera mano lo que me digo, lo he vivido, lo vivo y supongo (aunque no quiero creerlo) que lo seguiré viviendo. Y no, no lo entiendo porque yo no soy así, porque a mí, cuando me han dicho "no" no lo he interpretado como un "mañana puede". No es no, siempre. No me soluciona nada que sigas ahí si de mí sólo quieres que te escuche, que te comprenda o te folle. No, la gente así no la quiero a mi lado. Y duele comprobar que a pesar de tu experiencia y tus conocimientos tus "amigos" vampiros siguen rodeándote como buitres para alimentarse de tu carne. Lo peor de todo es que hasta que no notas el primer picotazo para comprobar que ya no puedes defenderte, no te das cuenta de que el simpático gorrión se ha convertido en una despiadada ave carroñera. Pues que les aproveche. Yo seguiré siendo como soy y actuaré con mis amigos como lo he hecho hasta ahora, no soy adivino. Sólo espero que mis amigos me comprendan el por qué de estas palabras.

1 comentario:

  1. Jolines... Sólo puedo decir que apoyo tu último comentario. Sigue actuando con tus amigos como siempre lo has hecho y no te arrepientas de todo lo bueno que has ofrecido, porque lo hiciste de corazón, y esa satisfacción personal es sólo tuya. Si todos cumpliéramos el ojo por ojo, todos seríamos ciegos. Siempre es bueno dar ejemplo y no rebajarse a la condición de los que no lo dan.

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