viernes, 3 de marzo de 2017

Inmigrante ilegal en mi país

Les contaré un caso surrealista que he podido conocer de primera mano en estos días. Lo contaré en primera persona para que nadie pueda sentirse ofendido, pero les juro que es real. Es el siguiente.
Llego a mi país después de estar años viviendo en el extranjero para estar cerca de mi familia. Decido alquilar un piso, ya que tengo a la mujer embarazada y no es plan de estar para arriba y para abajo mirando pisos de compra, con todo lo que conlleva. Busco uno amueblado y en un lugar tranquilo donde mi futuro hijo pueda pasar sus primeros años sin sobresaltos. Y lo encuentro. Amueblado, limpio, seguro, etc. Es perfecto.
El propietario del piso me comunica que tuvo que echar a los antiguos inquilinos, unos jetas de mucho cuidado (españoles, para que no se diga), porque no pagaban el alquiler ni los suministros de agua, luz y gas. En principio bien, nada de qué preocuparme. Pero la alegría dura poco. Cuando llamo a la compañía eléctrica y del gas me comunican que para poner a mi nombre dichos suministros debo antes abonar la deuda ¡de los anteriores inquilinos! Es más, me amenazan con que si no la pago me cortarán la luz y el gas. Perplejo me pongo en contacto con el propietario del piso y le explico el problema. Después de pelearse él con tan infames compañías, la única solución que le dan es que yo haga un alta nueva, pagando cien eurazos, por supuesto. El propietario, muy amable él, decide ayudarme con el pago, aunque ninguno de los dos tenemos la culpa de que haya esa deuda. A los pocos días, cuando le informo de que siguen llegando cartas de los antiguos inquilinos solicitando el pago de seis meses de suministros adeudados, el propietario me comunica que ahora la deuda se la están solicitando a él por ser el dueño del piso y le amenazan con cortar la luz y el gas del piso donde vivo. Vamos, yo que he pagado religiosamente alta nueva y todas las facturas, me veo sin luz ni gas porque meses atrás unos hijos de puta españoles han decidido vivir a costa de otros. Increíble pero cierto, Spain is different. El problema es que la compañía de luz y gas no sabe el nuevo domicilio de los jetas y el número de cuenta que les dieron para domiciliar los pagos tiene más telarañas que la casa encantada. En resumen, la compañía eléctrica, esa que paga a expresidentes para que paseen su palmito por la oficina cobrando una millonada, decide que la deuda debe pagarse sí o sí, sea quien sea el deudor. Primera moraleja, en esta mierda de país puedes tener luz y gas y que la pague otro. Esto en el extranjero no pasa.
Al cabo de los cuatro meses el propietario consigue con mucho esfuerzo que la compañía se comprometa a pedir la deuda a quien realmente no ha pagado, aunque me consta que la asesoría jurídica de la empresa eléctrica le sigue llamando cada dos días y de malos modos le recuerda que debe pagar una deuda que no es suya.
Ahí no acaba la cosa. Decido empadronarme para tener acceso a los médicos del lugar, lógicamente, ya que mi mujer está embarazada y a mi me puede dar un síncope en cualquier momento. Pues bien, acudo al ayuntamiento con mi contrato de inquilino, mis facturas de luz agua y gas, mi dni, etc., y la sorpresa viene cuando me dicen que no puedo empadronarme en el piso en el que vivo hace tres meses porque ya hay gente empadronada en ese inmueble. ¡No puede ser! Le pido al funcionario que me lo explique mejor y muy amablemente accede. Con la ley en la mano, una ley que en este país los chorizos conocen mejor que los jueces, un inquilino (si el contrato no especifica lo contrario) puede empadronar a quien le dé la gana aportando sólo su contrato de alquiler y la documentación de los que se van a empadronar. Ese empadronamiento dura como mínimo seis meses. Estupefacto le pido al funcionario que me diga desde que día están empadronados los que no viven en mi casa. Con toda la calma del mundo me dice que hace menos de tres meses que se empadronó una pareja extranjera, que por la protección de datos no puede decirme más, y que en estos tres meses mejor que no me ponga malo. Eso sí, dándoselas de buen samaritano me ofrece un provisional para que por lo menos mi mujer tenga ginecólogo.
Oído esto llamo al propietario y le explico el caso. Alucina pepinillos, como yo y me dice que llevará la escritura del piso para demostrar que es el dueño y que yo debo ser el empadronado y no alguien que jamás ha vivido allí, y menos empadronados sin su consentimiento. ¿Creen que sacó algo en claro? Aciertan. La única solución que le dieron es que denunciase los hechos y con suerte en un mes podría empadronarme, con suerte. Increíble.
Así que aquí me veo, recién llegado a mi país con una deuda reclamada que no es mía, con la amenaza de que en un traspapeleo me corten la luz y el gas y sin seguridad social porque unos extranjeros que ni conozco están empadronados en un piso en el que pago cada mes sin demora el alquiler. Vamos, que los inmigrantes ilegales están mejor que yo en este país de mierda que es España.

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