domingo, 5 de noviembre de 2017

Incongruencia estatal

El ser humano, como animal irracional que es, suele comportarse en muchas ocasiones de manera absurda. La falta de cultura (que no de estudios) y de educación convierten al hombre en un ser egoísta, egocéntrico, avaricioso, rabioso, envidioso, impetuoso, irrespetuoso, etc. Vamos, lo que suele ser un gilipollas. Se puede ser más o menos gilipollas dependiendo del grado de cultura y educación que tenga uno pero aquí, en España, el grado de muy gilipollas parece que ha ido en aumento en los últimos meses. Ya he hablado en distintas ocasiones de gente de ladrones, de creídos y demás calaña humana y no quiero volver a repetirme. Esta vez quiero hablar de un tipo de gilipollas que ha crecido en Cataluña como el rovelló y que en los últimos meses ha proliferado al mismo tiempo que las setas antes nombradas. Sí, lo sé, el insulto hace perder al que lo dice toda credibilidad, lo siento, pero no he encontrado un sinónimo educado para dirigirme a esta gentuza. También sé que fuera de Cataluña hay muchos gilipollas de estos, pero ya he criticado a éstos en numerosas ocasiones. El tipo de gilipollas al que me referiré, sin dar nombres ya que la libertad de expresión en este país cojea tanto o más que nuestra asquerosa justicia, es ese que actúa de distinta manera a cómo piensa y vende sus palabras a su público. Es ese que critica a Nike por esclavizar a niños pero calza unas Cortez de 200 euros. Es ese que critica a Amancio Ortega por ofrecer sueldo precarios pero viste de Zara. Es ese que no se siente español y juega con la selección española o cobra un sueldazo del Gobierno español.
Estos últimos se han “partido la cara” (no mucho, la verdad) por conseguir que su país, Catalunya, fuese una república independiente y cuando lo es no quieren volver a casa porque saben que en su casa la nevera está vacía. Se han llenado la boca contando la maravilla que sería Catalunya si no dependiese de España, lo bien que viviríamos los catalanes sin rey y lo mucho que nos roba esa España que les da de comer caviar iraní  ¿Qué respeto merece una persona que se dice no sentirse español pero que de ningún modo desea abandonar el escaño de diputado o senador de ese gobierno que le oprime y le roba? Ninguno, no merece respeto ninguno y sus actos desacreditan sus palabras. Para que lo sepan, los treinta y tres (¡la edad a la que Judas vendió a su primo por cuatro perras!) diputados y senadores independentistas cobran del estado más de 200.000 euros anuales, con un sueldo de casi 3.000 euros al mes sin contar desplazamientos (no se pide factura si tienen que reclamar el abono de un billete de avión, por ejemplo) ni sobresueldos por participar en comisiones o ejercer algún cargo como secretario, presidente de cámara, etc. En general el sueldo medio de un diputado que no vive en Madrid es de 4.800 euros netos al mes y que pagan tanto catalanes como andaluces, extremeños y gallegos. Pero no sólo eso. También reciben del Estado al que odian subvenciones sus partidos políticos dependiendo del número de diputados que tengan. Así Esquerra Republicana de Catalunya recibe de esa población a la que tachan de fascista 18.048,15 euros anuales y Convergencia Democrática de Catalunya 14.521,95. Es como si usted, que es independentista y del F. C. Barcelona a muerte (un idiota de esos que ver perder a su club le amarga la noche y el día siguiente) aceptase un sueldo del Real Madrid aunque opinase que ganan por ayudas arbitrales y que Cristiano es un chulo de mierda. ¿No lo ve ilógico, irracional? Si ha contestado que no, deje de leer este artículo, se lo suplico, porque no me gusta perder el tiempo con gilipollas.
Siguiendo con el fútbol les expondré ahora un caso de un futbolista que merece todo mi respeto: Oleguer Presas, ¿se acuerdan de él? Oleguer Presas fue un lateral (bueno o malo, va a gustos) del F. C. Barcelona que declaró en público ser independentista. Es más, en abril de 2006 publicó el libro Camí d'Ítaca, en el cual narraba su experiencia durante las celebraciones de la victoria en la Liga 2004/05, además de poner por escrito sus reflexiones sociales y políticas. En febrero de 2007 publicó un artículo de opinión en una página web en el que narraba la situación del etarra Iñaki de Juana Chaos (responsable de 25 asesinatos y que había estado en huelga de hambre durante meses en protesta por su encarcelamiento tras cumplir la condena por sus asesinatos) en el que criticaba el funcionamiento de la justicia en España (algo que no comparto en absoluto en defensa de las familias de las víctimas, por supuesto). Este artículo hizo que Kelme dejara de patrocinarle, aunque rápidamente la marca deportiva Munich vio propaganda en él y le ofreció sus servicios. En 2012 Luis Aragonés le convocó para jugar con la selección española (ese año España ganaría la Eurocopa) y Oleguer rechazó vestir la roja porque no se siente español. Al contrario que otro culé famoso por dejarse el sueldo en cartas y jugar en la selección a pesar de no sentirse español, Oleguer Presas actuó acorde a su manera de pensar, rechazando así dinero y fama por sus convicciones políticas, algo que, repito, respeto. Podría ser lo que fuese pero por lo menos era un tío coherente y no un gilipollas.
En el mundo laboral existe algo que se llama mala fe contractual, es decir, pueden echarte a la puta calle si hablas mal de tu empresa, la que te da de comer. En estos días se habla mucho de represión, de antidemocracia, de fascismo, etc, pero hay diputados que hablan mal de su jefe y nadie les echa a la calle. Personajes que son alagados por dirigentes tan democráticos como Putin o Maduro se pueden permitir el lujo de insultar y humillar a los españoles que les damos de comer sin que tengan consecuencias en este país lleno de fachas. Si esto no es democracia que baje Dios y lo vea. En otro país estos gilipollas ya vagarían por el desierto buscando su cabeza a tientas o habrían sufrido un “accidente” mortal. Aquí no, aquí, en España, se pueden permitir el lujo de criticar al rey, a Dios y a su pueblo y encima ser aclamados como héroes. Para que luego digan.
Y esto es lo que en un país cómo España sucede, que los gilipollas que dicen una cosa pero hacen todo lo contrario encima son bien mirados. Aquí se vota al ladrón que promete acabar con los robos, se honra al que se lleva millones a Andorra jugando con nuestro pan, se aplaude al independentista que lleva en el pecho el escudo de España y se insulta al vecino por opinar diferente a nosotros. No me digan que no es de gilipollas actuar así.

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