lunes, 12 de marzo de 2018

El samurái y el bushido

Corría el año 2002 cuando tuve la inmensa fortuna de viajar a Japón y conocer Tokyo y un poco de la cultura nipona. En ese inolvidable viaje me impactó, sobre otras cosas, la honestidad de los japoneses, que le da mil patadas al sentido de la honestidad que tenemos en Europa. Más tarde estuve unos años practicando Karate Kyokushinkai y aprendí un poco más sobre las artes marciales, tan apegadas al carácter oriental. Todo ello me ha llevado a querer saber de dónde viene esa honestidad llevada al extremo que tanto me impresionó (y me sigue impresionando) de los japoneses. Para ello he leído tres libros que hablan de la figura ancestral del samurái y de sus códigos y lemas, base de la cultura japonesa actual. Estos tres libros, por si a alguien le interesa, son: Breve historia de los Samuráis, de Juan Antonio Cebrián; Hagakure, de Yosho Yamamoto (samurái primero y después monje); y El libro de los cinco anillos, del legendario samurái Miyamoto Musashi. Intentaré en este artículo/resumen que el lector comprenda por qué se suicida un ministro japonés cuando le descubren actos corruptos por ejemplo (algo impensable en el resto del mundo), y ahondar un poco en la trepidante y corta vida de aquellos temibles guerreros llamados Samuráis. Espero que les parezca interesante.

El samurái

Para empezar, la palabra samurái significa “servidor”. El samurái servía a su señor (daimyo) y su deber era protegerlo y morir por él en el campo de batalla, a menudo contra ejércitos de otros daimyos. Uno de los lemas vitales del samurái era “morir es solo la puerta de una vida digna”. Originalmente los samuráis eran soldados que servían a la corte imperial y eran absolutamente leales al emperador, pero también protegían  las familias de los nobles, como los caballeros en nuestra Edad Media.
El samurái era samurái desde su nacimiento. Al nacer, el padre o el sacerdote hacía sonar la cuerda de un arco para que su tañido ahuyentase los malos espíritus y se le daba una pequeña espada en forma de colgante para que la llevase en el cinturón. A los cinco años se le cortaba el pelo por primera vez y a los siete recibía sus primeros pantalones (hakama) samuráis. Pero la ceremonia más importante era cuando el niño cumplía los quince años, cuando se convertía oficialmente en un hombre. Recibía entonces su nombre de adulto, un corte de pelo de adulto y su primera espada de verdad junto con su armadura, aunque unos años antes ya se le había instruido en el manejo de la katana, de la lanza y el arco. Primero le enseñaba su padre y después un sensei (maestro) local seguía con su entrenamiento. Estos senseis locales solían ser un ronin (más adelante explicaré que era un ronin). A los niños con más talento se les enviaba a escuelas de entrenamiento especiales para completar su formación. A diferencia de Europa, en Japón las niñas también recibían adiestramiento en las artes marciales. A las mujeres se les adiestraba en el uso del yari (lanza de hoja recta) y la naginata (lanza de hoja curva, arma también de los monjes). También hubo mujeres samuráis y respondían estas a los mismos códigos de honor y lealtad que los hombres. Una de las samuráis más famosas fue Tomoe, que en una famosa batalla cortó la cabeza del general enemigo por arrancarle una manga de su vestido. El samurái que se distinguiese en batalla podía recibir de su señor un lote de tierras como recompensa y la riqueza se media en kokus, que era la cantidad de arroz que un hombre comía en un año.
Su vestimenta, aunque ostentosa, era muy ligera. Los samuráis vestían una especie de falda pantalón llamada hakama sobre su kimono. En ocasiones especiales lucían una chaqueta llamada kataginu, que tenía hombreras prominentes en forma de ala. La armadura solía estar formada por escamas de cuero y llevaban un casco de acero con cuernos en lo alto y una máscara cuya misión era infundir terror en el enemigo.
Los samuráis practicaban muchas artes marciales como deporte para mantenerse en forma para la guerra. Entre ellos el kendo (el arte con la espada) y el sumo (lucha cuerpo a cuerpo) son aún hoy día muy populares en Japón. También disfrutaban de la caza y de la natación. Tenían completamente prohibido los juegos de azar y por el simple hecho de jugar se arriesgaban a perder su armadura, su caballo e incluso su espada. Todos ellos sabían sanar heridas y recomponer huesos rotos. Antes de proseguir, un inciso. En Japón es costumbre que el apellido o nombre de la familia vaya antes que el nombre propio. Es frecuente también que el nombre de la familia empiece por Yori o Yoghi. Así, Yoritomo Minamoto sería leído como Minamoto, de la familia Yoritomo.
Como arma samurái destacaba la katana, una infalible espada de sesenta centímetros de largo elaborada con técnicas ancestrales sólo conocidas por maestros herreros. El tiempo de forja era de mínimo tres meses para cada una. La tradición exigía que fuera la espada la que escogiese a su dueño y se suponía que una espada vibraba cuando su futuro dueño se acercaba a ella. Una vez juntos, espada y samurái no volverían a separarse jamás. El samurái también portaba una espada corta llamada wakizashi, que podía usarse en combate pero que su propósito era el seppuku (hara kiri), el ritual de suicidio. Se consideraba una grave ofensa tocar la katana de otro samurái sin su permiso y hacerlo podía llevar a un duelo. Por esto los samuráis tenían que tener cuidado en no rozarse entre sí al andar por la calle, por ejemplo. La katana estaba hecha de hierro y acero, calentada en la forja y enfriada sucesivamente o templada en una mezcla de aceite y agua. El acero era trabajado con el martillo, modelado una y otra vez hasta conseguir cuatro millones de láminas de metal. Por ello la hoja de la espada era muy dura y muy afilada pero el cuerpo era más suave y flexible. Cuando estaba lista se probaba su eficacia cortando la cabeza de algún reo sentenciado a muerte. El más famoso de los hacedores de katanas fue Masamune (1264-1343). Sus espadas eran tan peculiares que no necesitaban la firma del autor, la katana misma era su firma.
Otra arma samurái era el nodachi, una espada más larga que la katana y que se llevaba cruzada a la espalda. También llevaban cuchillos de diferentes tamaños, como el aikuchi. Tenían también predilección por las armas secretas, espadas o lanzas escondidas normalmente en cayados sacerdotales. Sabían también defenderse con objetos cotidianos como abánicos, pipas de fumar u horquillas de pelo. También se convirtieron en expertos empleando la hoz, el hacha, la cadena de vueltas, el tonfa o el nunchaku. Estas dos últimas herramientas eran usadas originalmente para descascarillar el arroz y cribar el grano.
Igualmente importante era el principio de concentración mental (haragei) y el de energía centrada (ki).Buscaban la calma y la quietud interior practicando la respiración regular y entraban en combate con un feroz “kiai” o “grito del espíritu”. Para que sus movimientos fuesen mecánicos y perfectos practicaban una y otra vez las “katas”, ejercicios de meditación a la vez que técnicas de combate. Las katas son secuencias de movimientos preestablecidos de técnica de combate que se practicaban con dos o más oponentes o en solitario. Actualmente la mayoría, por no decir todas, las artes marciales poseen sus propias katas.

Tipos de artes marciales

El Kendo, «el camino de la espada», es el más parecido a las prácticas de entrenamiento de los antiguos samuráis. Los kendokas (estudiantes de kendo) aprenden a practicar esta esgrima con una espada de bambú ligera llamada shinai. También llevan protecciones: un casco que se parece a la máscara que llevan los receptores de baseball, un peto para el pecho, una faldilla para las caderas y guantes acolchados. El objetivo en kendo es alcanzar un estado en el cual la espada, la mente y el cuerpo sean uno. Un verdadero maestro no piensa dónde golpear o cómo moverse, sino que más bien tiene que concentrar su energía y vaciar su mente de cualquier pensamiento.

Judo significa «el camino de la flexibilidad» o del equilibrio. Está basado en los principios básicos de la resistencia. Una rama demasiado dura se rompe con la tormenta, por ejemplo, pero una rama flexible se dobla al ser movida por el viento.En judo, los alumnos aprenden a usar la fuerza del contrincante contra este. Imaginemos que alguien más fuerte le empuja, usted puede empujarle a su vez con todas sus fuerzas, pero seguramente perderá. Pero si tira de la persona en la misma dirección en la que esta está empujando, añadirá su fuerza a la suya y será capaz de tumbarle.

Aikido, «el camino de la armonía con el ki», es una disciplina tanto mental como espiritual que enseña el poder de la unión entreel cuerpo y la mente. El estudio del aikido puede ser descrito como «aprender a liberar la fuerza».En aikido no existe el ataque. Al igual que en judo, las técnicas de aikido utilizan la fuerza del atacante en su contra, pero el objetivo es inmovilizar al atacante más que herirle o matarle.

El kung fu era la especialidad de los monjes guerreros del monasterio de Shaolin, la casa del fundador del budismo zen. Los movimientos de los diferentes estilos de kung fu están basados en los de los animales: la sólida apostura del caballo, el equilibrio de la grulla blanca sosteniéndose sobre una pata, las posiciones de defensa de la mantis religiosa, los graciosos gestos del mono. Los maestros de kung fu se llaman sifus. Los alumnos se entrenan con y sin armas, aprendiendo a golpear, a bloquear y a dar patadas. Los katas del kung fu se llaman sets. Los alumnos de kung fu también estudian los principios del ch’i, el aliento o fuerza vital interior llamada ki en japonés.

Karate, o «el camino de la mano vacía», se desarrolló en la isla de Okinawa, a poca distancia de la costa de China. Los isleños no poseían ni espadas ni lanzas. Así que en su lugar aprendieron a defenderse con las manos y los pies. El karate es el arte marcial que se nos viene a la mente cuando vemos a alguien rompiendo un montón de tablas de madera. Pero esto no es más que pura exhibición. Los estudiantes de karate aprenden a usar los puños y las patadas, concentrando su energía en el kiai. Los alumnos llevan un gi poco pesado y practican katas que semejan el ritual de una danza. También aprenden a combatir. El estilo coreano de karate se llama tae kwon do.

Una de las artes marciales de los días de los samuráis que continúa cubierta de misterio es el ninjitsu, «el arte del sigilo» o «el arte de la invisibilidad». Los ninjas, practicantes del ninjitsu, eran el arma secreta más formidable con la que contaba un jefe samurái. Los ninjas eran expertos en espionaje y sabotaje, sabían llevar a cabo un asesinato y escapar sin dejar huella. Usaban armas nunca vistas y todo tipo de artimañas para alcanzar sus objetivos. Como maestros de la confidencialidad, los ninjas representaban el lado oscuro del bujutsu. Se les temía pero no eran dignos de respeto pues eran los encargados de hacer el «trabajo sucio», las tareas que un samurái honorable, del que se esperaba que combatiese abiertamente, no podía hacer por sí mismo. Había tres clases de ninjas: los líderes, que eran los que acordaban con el exterior los servicios de los ninjas; sus asistentes o intermediarios y los agentes, que llevaban a cabo las misiones peligrosas. El entrenamiento de los ninjas comenzaba en la más tierna infancia a base de largas carreras, de saltos y de aprender a trepar, a nadar y a bucear. También les enseñaban a balancearse sobre verjas, colgarse de ramas de árboles y quedarse quietos como estatuas. A estos niños se les mostraba cómo dislocarse las articulaciones para poder así escurrirse por debajo de las rejas o escaparse si les habían atado con cuerdas. Para cuando alcanzaban la mayoría de edad los ninjas eran fuertes, ágiles y casi inmunes al dolor, la fatiga y el frío. Podían correr cien millas sin descansar, caminar sobre sus manos de noche para evitar tropezar o chocarse con algo y eran expertos en deslizarse deprisa y sin hacer ruido ni dejar rastro. Un ninja podía rodear un muro en la oscuridad y no ser descubierto nunca.
Los ninjas eran maestros del disfraz y de la ilusión. Practicaban el arte del camuflaje llevando todo negro por la noche y todo blanco en la nieve. Un ninja con una capa gris podía doblarse sobre sí mismo y adoptar la forma de una roca, quedándose inmóvil durante horas. Podía confundirse entre las ramas de un árbol o contra una pared, o esconderse bajo el agua durante horas sin fin, respirando a través de una caña de bambú. Una de las armas ninja igualmente ingeniosa eran los shuriken, estrellas de hierro afiladas como cuchillas que el ninja podía arrojar con acierto hasta más de diez metros. Estas aparecían en formas variadas, todas ellas mortales. Los shuriken constituían unas armas muy útiles para excavar, golpear e igualmente raspar. Los ninjas llevaban consigo nueve tipos diferentes de shuriken, porque nueve era un número de la suerte. Había varias técnicas importantes para arrojar shuriken pero la más utilizada era desde una posición de inmovilidad, fingiendo no haber movido ni un músculo.

Ronin

Las guerras Gempei entre los clanes Minamoto y Taira comenzaron en 1180 y duraron cinco años. Los hombres del clan Minamoto fueron los vencedores de las guerras Gempei. Su líder, Minamoto Yoritomo se convirtió en el primer shogun o sogún, o dictador militar, de Japón. A partir de ese momento y durante siglos, el emperador de Japón gobernó solo nominalmente. El verdadero poder residía en el sogún. A principios del siglo XVII, bajo los sogunes Tokugawa, muchos de los daimyos menores fueron exiliados y sus ejércitos fueron disueltos, dando lugar a una clase de samuráis sin señor. Estos recibieron el nombre de ronin, que significa «hombre ola». El ronin no tenía ni clan ni señor y con frecuencia se les trataba como marginados. Tenían que arreglárselas solos y recorrían el país en busca de trabajo. Uno de tales ronins fue quizá uno de los samuráis más famosos de todos: Miyamoto Musashi. Miyamoto Musashi es conocido hoy en Japón como Kensei o «El Santo de la Espada». Nació en 1584 y creció bajo el gobierno de Tokugawa Ieyasu. Huérfano a la edad de 7 años, Musashi fue criado por un tío que le animó a estudiar el arte del kendo. La figura del ronin fue llevada a la gran pantalla en la película 47 ronin, protagonizada por Keanu Reeves. La leyenda cuenta que los samuráis se vieron obligados a convertirse en ronin después de que su señor se hiciese el seppuku por haber agredido a un alto funcionario del gobierno. Se dice que el señor pidió consejo al funcionario sobre cómo vestir elegantemente para acudir a una recepción en palacio. El funcionario le dijo que debía vestir de corto y el daimyo así lo hizo. En palacio el daimyo fue el hazmerreír de los cortesanos y viéndose engañado y humillado el daimyo agredió al mentiroso funcionario. Por esto se le condenó a hacerse el seppuku, algo que cumplió honrosamente. Cuarenta y siete de sus samuráis juraron venganza y esperaron año y medio a actuar. Los ronin cumplieron su promesa y llevaron la cabeza cortada del funcionario a la tumba de su señor. Conocido el hecho por el Sogún, este ordenó el seppuku para los cuarenta y siete ronin, algo que cumplieron también sin pestañear. Esta historia se extendió como la pólvora por todos los rincones del país del sol naciente, y en todas partes todos se admiraron de la lealtad, sacrificio y perseverancia de los vasallos leales en un tiempo en el que las guerras y los hechos violentos en general eran cosa del pasado.

Religión

La religión más antigua de Japón es el sintoísmo, «el camino de los dioses». Los seguidores del sintoísmo adoran a los espíritus, o kami, que viven en muchos lugares: en los ríos, bosques, montañas y cuevas. Los kami no son realmente dioses, son más bien los espíritus de los lugares y de los objetos que permiten a las personas sentirse conectadas con todas las cosas. A pesar de esto, la mayor parte de los samuráis eran budistas Zen. El Zen enseña a sus seguidores a buscar la iluminación y la salvación dentro de sí mismos a través de la meditación, no de la adoración de un dios o de unos dioses. La meditación Zen implica una gran disciplina. El objetivo es la armonía espiritual, la unidad con el fluir de la vida y de la muerte. Las ideas del Zen eran especialmente atractivas para los guerreros samuráis que sabían que su vida podía terminar en cualquier momento y encajaba a la perfección con la práctica del kendo y con el bushido.

Bushido

El término Bushido, aparece por primera vez durante el período Yamato (400-645 d. C.), pero fue más tarde durante período Heian (794-1191 d. C.) cuando se conformó como el soporte moral, filosófico y espiritual de los samurái, aunque ya existían como profesión e incluso como clase social. Solo en el período Edo (1603-1867), aparece por primera vez una mención a la palabra Bushido, aunque hacía siglos que esta práctica ya era un hecho. Es en este período, cuando Yamaga Soko escribe el Bukyo (Código del Guerrero) y el Shido (Camino del Guerrero) que pueden ser consideradas como las primeras leyes escritas del Bushido.
Bushido, no es solo una filosofía para la guerra y una justificación de la violencia, más bien todo lo contrario. Aunque haya surgido en momentos de predominancia de lo bélico, se debe de entender como una aceptación total de la vida, incluyendo en este concepto de vida, la parte correspondiente de la muerte. Todo lo que empieza, acaba. Toda vida, lleva implícita una muerte y esto es algo evidente, que el Samurái asume con naturalidad, para que el acecho de la muerte, que influye y afecta a todos los demás, no influya en sus decisiones, ni le afecte negativamente.
De acuerdo al Bushido, el samurái debía observar en su vida diaria: ética, rectitud, lealtad, justicia, valor, honor, sentido del deber y autocontrol, bondad, auto-sacrificio, cortesía, fidelidad, sinceridad, sentido de la vergüenza, modales refinados, pureza, modestia, frugalidad, espíritu marcial, y afecto, entre otros aspectos. Gracias al bushido, el samurái no demuestra dolor o alegría, todo lo soporta interiormente, nada de quejas, gemidos y lloros. Mantiene siempre un comportamiento calmado y una compostura interna y mental que alejan de él toda pasión no deseada. El bushido lo convierte en un verdadero y completo guerrero.
La profesión de Samurái tuvo mucho éxito en las etapas de guerra del Japón, pero cuando estas terminaron y el fusil reemplazó a la espada, parte de su filosofía, la más esencial y no bélica, quedó impresa en la mentalidad colectiva del pueblo japonés, que siempre respetó y consideró a los samuráis como personas superiores.

Son siete los principios que rigen el código de Bushido:
1. Gi. Honradez y Justicia en la acción.
La decisión debe de ser justa y ecuánime, la justicia auténtica emana de tu interior. No hay término medio en este campo, ni medias tintas, o es justo o injusto, se vive plenamente o se muere.
2. Yu. Valor heroico y bravura en la acción.
No hay que temer a la acción, ni ocultarse del exterior. Miedo no, precaución y respeto sí.
3. Jin. La compasión o el amor universal.
El samurái es fuerte y por ello ha de estar al servicio de los demás que no lo son. Su poder debe ser usado en bien de todos. El samurái debe conocer sus debilidades y pasar su vida corrigiéndolas sin jamás tener el sentimiento de haber hecho ya lo suficiente. No debe, naturalmente, tener demasiada confianza pero tampoco sentirse inferior.
4. Rei. Cortesía.
No hay motivo para ser crueles, no hay que demostrar la fuerza. Cortesía y respeto hacia todos, incluso hacia los enemigos.
5. Melyo. Honor.
El honor es el valor principal a defender, por él se obtiene la gloria.
6. Makoto. Sinceridad absoluta.
Lo que dice, así hace. No tiene que «prometer» nada. Todo lo cumple. Hablar y Hacer son la misma acción.
7. Chugi. Deber y lealtad.
Cumplir con las obligaciones de su puesto frente a sus superiores de rango y ser leal a los que están bajo su responsabilidad.
No seguir este código implicaba la realización por parte del infractor del ritual de suicidio conocido como seppuku.

Frases y enseñanzas samuráis.

Para comprender mejor la vida y el código de los samuráis aquí dejo algunas de las frases escritas por ellos mismos y sacadas de los libros Hagakure y El libro de los cinco anillos.

No sé cómo superar a los otros. Todo lo que sé es cómo superarme a mí mismo.

Hoy, yo soy mejor que ayer, mañana todavía seré superior.

Las decisiones importantes deben ser tomadas con calma.

Lo avalo porque sé que se ha equivocado una vez. No se puede conceder confianza al que no ha cometido jamás errores.

La falta desaparece rápidamente si uno se corrige sin demora.

Si un samurái se acostumbra, día a día, a la idea de la muerte, será capaz de morir con toda tranquilidad cuando llegue el momento.

Si sois totalmente desconocido, entre morir o vivir, más vale escoger vivir.

El que tiene pocos conocimientos se vuelve rápidamente pretencioso y se recrea en la idea de ser considerado como un hombre competente.

Los que se enorgullecen de sus talentos y se estiman superiores a sus contemporáneos serán inevitablemente castigados por alguna manifestación del Cielo.

Los hombres que buscan las críticas de los demás son ya superiores a ellos.

Cuando alguien os da su opinión, hay que saber aceptar con gratitud incluso si no resulta de ningún interés. Solo con esta condición os comunicará lo que ha oído decir de vosotros.

Cuando uno se encuentra con alguien a quien le gusta argumentar, es necesario enfrentarse a él y ganarlo por la superioridad de la lógica, pero sin ser demasiado severo, para evitar que quede un resentimiento.

La inteligencia no es más que saber conversar de unas cosas u otras con los demás, consiguiendo con ello una sabiduría infinita. La compasión consiste en actuar en bien de los demás comparándose con ellos y dándoles la preferencia. La valentía es saber apretar los dientes. Es suficiente hacer esto en cualquier circunstancia. Todo lo que está más allá de estas tres virtudes no es útil conocerlo.

De hecho, es más bien malo ser siempre perfecto en todas las cosas, porque entonces se tiene tendencia a olvidar que podemos cometer errores.

Las armaduras y los equipos militares demasiado vistosos pueden ser considerados como señales de debilidad y de falta de fuerza. Revelan la verdadera naturaleza del que los lleva.

Cuando el sable se rompe, hay que atacar con las manos. Cuando las manos están amputadas, hay que servirse de los hombros. Cuando los hombros están cortados, hay que morder el cuello de diez o hasta de quince enemigos. Esto es realmente valentía.

Ante todo, mantened las artes marciales en vuestro espíritu y trabajad diligentemente de una forma directa; entonces podréis vencer con vuestras manos y también podréis derrotar a los demás viendo con vuestros ojos. Es más cuando refinéis vuestra práctica hasta el punto de alcanzar la libertad de todo el cuerpo, podréis vencer a los demás por medio de vuestro cuerpo. Y puesto que vuestro espíritu está entrenado en esta ciencia, podréis también vencer a los demás por medio del espíritu. Cuando alcancéis este punto, ¿cómo podríais ser derrotados por los demás?

En esta forma de vida en particular, si erráis el camino, aunque sea ligeramente, si os desviáis de la vía justa, caeréis en estados negativos.

Aunque estéis tranquilos, vuestro espíritu está alerta, aunque estéis apremiados, vuestro espíritu no esta apremiado. La mente no es arrastrada por el cuerpo, y el cuerpo no es arrastrado por la mente. Poned atención a la mente, no al cuerpo. No permitáis que haya insuficiencia ni exceso en vuestra mente. Aunque superficialmente tengáis el ánimo débil, permaneced fuertes por dentro y no dejéis que otros vean vuestra mente. En lo que respecta a la apariencia física, el rostro no debe mirar hacia abajo, hacia arriba ni ladearse. Vuestra mirada debe ser fija. No arruguéis la frente, pero formad un surco entre las cejas. Mantened inmóviles los ojos e intentad no parpadear. Cerrad ligeramente los ojos. Tratad de mantener una expresión serena en el rostro, con la nariz recta y la barbilla ligeramente adelantada. La parte posterior del cuello debe permanecer recta, debe centrarse la fuerza en la nuca. Sintiendo todo el cuerpo desde los hombros hacia abajo como una unidad, bajad los hombros, mantened la columna vertebral recta y no sentéis las nalgas. Concentrad el poder en las partes inferiores de las piernas desde las rodillas hasta la punta de los dedos del pie. Tensad el abdomen de forma que el pecho no se hunda.

Los ojos deben enfocarse para optimizar el alcance y amplitud de la visión. La observación y la percepción son dos cosas separadas; el ojo que observa es más fuerte, el ojo que percibe es más débil. Una especialidad de las artes marciales es ver de cerca lo que está lejos y ver lo que está cerca con distancia.

De las dos formas de percepción, observar y ver, el ojo que observa es más fuerte, percibiendo el corazón y la mente del adversario, viendo el estado de la situación, centrando los ojos de una forma amplia, percibiendo las condiciones de la batalla y la fuerza y debilidad de la ocasión, y concentrándose en alcanzar la victoria con precisión.

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