viernes, 13 de noviembre de 2015

Estudio sobre la infidelidad

Introducción

A lo largo de la historia, la infidelidad siempre ha acompañado al género humano. En la antigüedad, sólo el hombre era el adúltero y en muchas sociedades ni siquiera se castigaba, es más se comprendía, se toleraba e incluso se fomentaba en monarcas o nobles, por aquello de tener descendencia masculina a quienes dejar todas sus posesiones. Los antiguos nobles o reyes tenían harenes, amantes, usaban a la mujer a su antojo, más como un objeto que como persona. Un asno tenía los mismos derechos que una mujer, es decir, ninguno. Y así fue durante milenios. En la Edad Media, la Iglesia permitía a los reyes divorciarse de su mujer si ésta no le daba hijos varones, algo que la cultura y la ciencia afortunadamente han arreglado. Pero no contentos con esto, los reyes buscaban fuera de palacio amantes con las que satisfacer sus ardientes deseos sexuales, ya que se creían por encima del bien y del mal y por debajo únicamente del Todopoderoso. Enrique VIII de Inglaterra, Jaime I de Aragón, Felipe II de Castilla, etc., fueron infieles a sus esposas con el beneplácito de toda la sociedad. Es más, en campaña militar, los ejércitos, tolerado por sus generales, acarreaban tras ellos numerosas prostitutas que saciaban la lívido sexual de los soldados para que pudiesen centrarse así en la guerra. Con la aparición del Cristianismo la infidelidad fue tomada como pecado, pero el arrepentimiento, las penitencias y la clara visión machista de la época dejaron al infiel libre de cualquier castigo penal, civil o social. Esto lo demuestra muy bien el Corán, donde se dice que el hombre puede tener todas aquellas esposas que pueda mantener pero a la mujer adúltera se la castiga con la lapidación. En Europa el castigo era más o menos el mismo pero disimulado en forma de brujería. La mujer activa, sexualmente hablando, era tachada de bruja y se la solía quemar en la hoguera y la infiel era repudiada y excomulgada, obligada a vivir en soledad y a alimentarse de raíces. Gracias a Dios, a ambos, la manera de pensar en la actualidad dista mucho de la de aquellos siglos. Desde la mitad del siglo XX la mujer se ha liberado de sus cadenas y se ha igualado al hombre. Hoy día la mujer trabaja dentro y fuera del hogar, tiene los mismos derechos que el hombre y sus mismas obligaciones. Es más, de unos años para aquí es la mujer la que lleva dinero a casa, lleva las finanzas domésticas y es independiente. Esta independencia ha provocado que la mujer pueda hacer con su vida lo que quiera sin ser mal vista. Hoy día es normal que una mujer sea activa en el sexo, esté soltera a los treinta años y salga de juerga con sus amigas sin ser tachada de libertina. Esta igualdad social también ha hecho que las infidelidades crezcan y no sean ya un asunto puramente masculino. Pero por esta misma igualdad y libertad, no deja de sorprenderme el aumento de las infidelidades. Actualmente la mujer no está obligada a permanecer junto a su marido para llevarse pan a la boca ni para tener hijos. La mujer ya no es repudiada socialmente y puede pedir el divorcio cuando le plazca sin tener que alegar nada en absoluto. Lo mismo le pasa al hombre, ya que si lo desea puede criar a sus hijos en igualdad de condiciones que la mujer solicitando una custodia compartida. Según Carmen Sánchez, directora del Instituto Clínico de Sexologia de Barcelona, las infidelidades han aumentado porque la esperanza de vida ha aumentado y a más vejez más cambios. También opina que al no verse la mujer infiel repudiada por la sociedad, la infidelidad ha aumentado y se ha ido igualando entre ambos sexos en los últimos decenios. También el hecho de que la Iglesia no mande tanto como antes y la proliferación del ateísmo entre los hombres y mujeres de menos de 40 años, aquellos que hemos crecido con la democracia, ha liberado a la sociedad actual de los dimes y diretes a los que tanto miedo se le tenía en épocas pasadas.
Pero debemos definir lo que es infidelidad. Ser infiel es tener contacto sexual con otra persona que no sea la pareja, y no debe ser consentida por el otro, por el engañado. Es más, yo añadiría que ser infiel conlleva un engaño a la otra persona, por eso también no es consentido, porque es ignorado por la persona engañada. Aquí también podemos hablar de lo que significa contacto sexual, ya que como veremos más adelante la tecnología ha provocado que la infidelidad también pueda llevarse a cabo sin que haya acercamiento físico de por medio. Algunos estudios indican que masturbarse pensando en otra persona que no sea tu pareja no puede tacharse de infidelidad, más bien es fantasía. Que haya contacto sexual o no para tachar a alguien de cornudo lo dejo a la elección del lector. Supongo que la definición será diferente para cada uno de nosotros dependiendo del lado de la cama en el que nos acostemos. Pero lo dicho, lo veremos más tarde.
Entonces, si hoy día tenemos la libertad social y jurídica de estar con quien nos plazca, como nos plazca y donde nos plazca, ¿por qué seguimos engañándonos los unos a los otros? ¿Es por genética, por vicio o por cansancio? Espero encuentren en este estudio la respuesta, aunque ya les advierto que hay tantas maneras de entender el amor como personas hay en el mundo.

Antes de entrar en materia debo recordar que lo que aquí se escribe es una visión general. Los estudios o las encuestas se hacen para hallar la globalidad del tema a tratar, así que no se enfade si se trata al hombre de promiscuo o a la mujer dependiente del hombre, de buen seguro que hay hombres fieles y mujeres independientes. Si usted es fiel o independiente me alegro mucho, de veras, pero no tache este estudio de absurdo, absurdo sería pensar que todo el mundo es como usted. Aclarado esto, vamos a lo que importa.

La infidelidad en los hombres

Los estudios concuerdan en que generalmente el hombre es infiel porque busca variedad. Desde la perspectiva animal, porque no olvidemos que el hombre viene del mono y seguimos siendo animales (algunos menos racionales que otros), el hombre está genéticamente programado para esparcir sus semillas por la faz de la tierra. Él es quien debe asegurar la continuidad de su especie y de su familia, y la única manera de perpetuar su estirpe es preñando a cuantas más hembras mejor. Es sólo cuestión de probabilidades. A más hembras más retoños y a más retoños más terreno y más posibilidades de que alguno de los retoños tome el relevo de su progenitor en un futuro. Hoy día ese pensamiento puede resultar algo ingenuo pero lo cierto es que tanto en la selva animal como en la antigüedad humana la mortalidad infantil era muy alta. La probabilidad de que un solo hijo llegase a la madurez era muy baja. Por poner un ejemplo, Arnau Mir de Tost, vizconde de Urgell en el siglo XI, tuvo siete hijos, cuatro de ellos murieron antes de los dos años de vida y de los otros tres, dos eran mujeres y su único varón y sucesor en el vizcondado murió en una batalla a los veinte años. El hombre busca sucesor, el león busca sucesor, el orangután busca sucesor, el género masculino busca sucesor, busca perpetuar su linaje y para ello busca también la mejor hembra de la manada, la más sana. Ley de vida. Afortunadamente la mortalidad infantil en Europa es muy baja hoy día pero la historia, la genética, la costumbre o la mezcla de estas tres cosas hacen que el hombre no se conforme con una sola hembra en su lecho.
Otro motivo para la infidelidad masculina es la gran competitividad del hombre. La selección natural hace que el macho compita con otros machos por el apareamiento con la mejor hembra, como si fuese un trofeo. Debe asegurar su descendencia. El hecho de conseguir a la mejor hembra de la manada, del grupo de amigos, del trabajo, de la discoteca, etc., comporta el respeto del resto de competidores. El hombre siempre quiere ser el macho alfa, el macho dominante, y usará todas las triquiñuelas a su alcance para conseguirlo. Así como el león joven y apuesto pelea contra el león viejo para arrebatarle su privilegiada posición, el hombre humano intenta conquistar a la mujer alfa inventando, calumniando, retando, acosando, fingiendo situaciones en las que él pueda quedar por encima de su contrincante para hacer ver a su pretendida que él es la mejor opción. Y ahí entran las infidelidades. El hombre conquista, se siente así el macho alfa de su entorno, pues a por otra conquista en otro entorno, porque la sed de poder es inagotable en el género masculino. Por esto mismo el hombre infiel siempre será infiel (en la mujer también sucede pero el porcentaje es más bajo que en el hombre).
Otra consecuencia de esto es que la hombría masculina está directamente relacionada con el número de conquistas. Cuantas más mujeres pasan por el lecho de un hombre más hombre se cree éste y más vacila a sus amigos. Personalmente creo que esto no es cierto, ya que no depende de la cantidad de conquistas sino de la calidad. Un hombre puede acostarse con cincuenta Carmenes de Mairenas que nunca será visto como una amenaza por sus rivales, más bien será el hazmerreír del grupo. Ahora, si la calidad asciende y la cantidad también asciende será visto como un triunfador. Pero al triunfador le salen muchos rivales, porque acostarse con la mujer de otro te deja por encima de él (visión masculina). Por eso cabe decir que los individuos altamente comprometidos (tanto hombre como mujer) es menos probable que sean infieles porque están motivados a eliminar alternativas potenciales por tratar de proteger su relación. Es decir, si una persona ama a su pareja no pierde el tiempo buscando otra pareja, ya que ese tiempo lo dedica a agradar a su pareja por miedo a perderla.
Después veremos datos estadísticos pero la conclusión final es que la mayoría de los hombres son infieles por variar y por sentirse los macho alfa de la jungla. Esto lo corrobora un estudio de la Universidad de  Florida que concluye que el infiel es un ser narcisista, sobretodo el hombre. Y el narcisista no puede ser inferior a nadie. Por eso mismo el infiel hombre no siente remordimientos tras poner los cuernos a su pareja, ya que para él es un acto egoísta que no acarrea sentimiento emocional alguno. El hombre engaña de cuerpo, no de mente, y por lo tanto la culpabilidad es inexistente. Pero no por ello no se hace daño a la otra parte.

Infidelidad en la mujer

La mujer infiel es completamente distinta del hombre infiel. Para la mujer la infidelidad está ligada al sentimiento. La mujer es como una rosa, se la debe cuidar cada día, regar, mimar, etc., porque sino se marchita. Y como la rosa puede andar, si su hombre no la riega buscará otro jardinero que la mime para verse ella hermosa y resplandeciente. La mujer desea buen sexo, risas, comprensión y cenas románticas en su matrimonio. Al faltarle esto la mujer busca en otro hombre lo que su pareja no le da. Pero no piensen que la mujer es distinta al hombre. Es cierto que los instintos primitivos son más fuertes en los hombres que en las mujeres, pero las mujeres también los tienen. La hembra busca protección y alimentos para ella y sus retoños y por eso busca ella también al macho idóneo. Jamás verán ustedes en los conocidos documentales de La 2 a una hembra irse con el macho perdedor. Como una rosa, la mujer es débil, frágil y a la vez es coqueta y desea resaltar su hermosura, y no hay mujer más hermosa que una mujer feliz. Y la felicidad para ella es tener a su lado a un hombre que la haga sentir única, especial, deseada y sexualmente saciada. La mujer busca atraer y ser atraída, amar y ser amada. Por eso la mayoría de infidelidades se dan a partir del cuarto o quinto año de relación, cuando ésta está más afianzada y la rutina sustituye la pasión de los primeros años. Al igual que el hombre no sacia nunca su sed de poder y usa la infidelidad para sentirse un triunfador, la mujer siempre quiere sentirse amada y usa la infidelidad para sentirse única. Esta búsqueda de sentirse única ha provocado la proliferación de centros de estética. Hoy día se aumenta el pecho, botox en los labios, se quitan arrugas, van al gimnasio, hacen dieta, se elevan las nalgas, se maquillan, se rasuran el chichi, se ponen extensiones y uñas postizas..., como la flor que intenta ser la más llamativa del jardín para que las abejas esparzan su polen por la tierra. Todo vale para parecer más joven, más fértil y más guapa y así conseguir al hombre de sus sueños. A la mujer le decrece el deseo de ser infiel a medida que decrece su fertilidad, algo que corrobora esta teoría. La mujer no se acostará jamás con cualquiera, sino que escoge al hombre que la hace sentirse especial, y ahí está la diferencia entre hombre y mujer. El hombre puede acostarse con cualquier mujer, aunque no le guste ni física ni psíquicamente. La mujer no. La mujer no busca sexo, busca amor. Por eso mismo la mujer mira mal al hombre que no le provoca orgasmos, cree que se acuesta con un ser que sólo mira por él y ella queda en un segundo plano. Y eso, para el género femenino, es una ofensa, y de las gordas. Si su hombre sólo se preocupa de su bienestar, ¿qué pasará cuando ella y sus hijos se vean amenazados? Un hombre que la cuida, que la protege y que la hace feliz actuará de igual manera con sus hijos y eso le aporta a la mujer la seguridad que necesita para criar a sus amados retoños. Por eso, cuando la mujer es infiel, está completamente segura de lo que hace y en la mayoría de casos no se arrepiente de ser infiel, porque para ella no hay perdón para quien no ha sabido valorarla.
Es cierto que los tiempos han cambiado y que hoy día la mujer sabe cuidarse y protegerse ella solita, pero las costumbres milenarias no cambian de un día para el otro. La mujer desea vivir en pareja, feliz, aunque en el siglo XXI ya no debe quedarse con el toro entero si lo único que quiere es el rabo.
La mujer comete la infidelidad con hombres de su entorno. Así como el hombre es capaz de tener sexo con una mujer sin conocer siquiera su nombre, la mujer conoce al hombre que va a meter en su cama, o por lo menos cree conocerlo. Una mujer no se acostará con un hombre sin haber ido a cenar antes con él, a comer, a tomar una copa o a cualquier sitio donde haya podido mantener una agradable conversación en la que intenta averiguar si vale la pena o no el macho que tiene delante. Por eso el lugar de trabajo es el escenario mayormente escogido por la mujer para llevar a cabo su infidelidad. Es muy probable que el cornudo conozca al rival si trabajan en el mismo sitio marido y mujer o que haya oído hablar de él si no es el caso, porque antes de ser amantes serán amigos. Por eso la justificación más usual a la hora de ser adúltero es que su pareja no le hace caso, y si llegado el momento el hombre no conoce a aquel que se ha acostado con su mujer, posiblemente ésta tenga razón al reprocharle su falta de interés por su vida, ese tan temible "es que no me escuchas".

Algunos datos

Todo esto que han leído viene avalado por un estudio de la Universidad de Arkansas el cual asegura que los hombres engañan por puro sexo, mientras las mujeres es un deseo emocional. Este mismo estudio nos dice que el 90% de las mujeres considera un beso en la boca como infidelidad. En los hombres es un 75%. Esto es porque el hombre, cada vez menos, considera que una aventura amorosa es perdonable (imagino que lo dicen porque esperan que se les perdone a ellos). Aun así, el 47% de los encuestados opina que perdonaria una infidelidad pero dependiendo de la situación. Imagino que hacérselo con el herman@ de la pareja es algo poco perdonable. Pero es la mitad. El 62% de los hombres perdonaría una infidelidad, las mujeres el 51%, demostrando así que a la mujer le da igual ser perdonada o no, están enamoradas o cegadas. El hombre no considera infidelidad un revolcón puntual y la mujer cree que el hombre lo hace por amor, como ellas.
El 51% de hombres considera los sms eróticos como infidelidad. Esto es así también para el 68% mujeres. Parecida lección que la anterior, el matiz es sentimiento.
La infidelidad en el trabajo es un 68%, a pesar de su enemigo Internet. El 50% ligaría por la red. Y no es de extrañar. En los últimos años hemos visto proliferar webs que intermedian entre casados para encuentros ocasionales, después habrá algo más si así lo desea ella. Esto demuestra que los sentimientos empiezan a igualarse y la mujer es cada vez más independiente y esporádica en sus relaciones extramatrimoniales. Que conste que no doy nombres de estas webs para no ser cómplice de actos tan impuros.
Considero que hoy día nadie tiene la obligación de estar con otra persona, y si está es porque quiere. Claro que hay situaciones extremas, pero son eso, extremas. Uno de estos portales de intercambio de fluídos tiene dos millones de usuarios en el mundo. Sólo uno de tantos. Y si añadimos los cuernos en el puesto de trabajo nos queda un muy bajo porcentaje para otras situaciones. Con las nuevas tecnologías es más fácil ser infiel, pero también es más fácil pillar a tu pareja si sospechas que los llevas bien puestos, basta con mirarle el móvil. Y hoy día todo el mundo sabe lo que hace el otro por Facebook, Twitter, Whatsapp, Instagram, etc.
Avala lo expuesto anteriormente un Estudio hecho en la Universidad de Florida, que dice que el 43% de los hombres son infieles por vivir algo diferente, algo que en las mujeres se reduce al 24%. Un 18% de las infidelidades se cometen por venganza (este dato en mi opinión es bastante triste, ya que considero que ponerse al nivel del adúltero no es la solución y sólo agrava el problema). El 17% de los infieles lo son para convencerse de que lo que tiene en casa ya no es lo que necesita. Estas personas ponen a prueba su amor... ¿poniendo los cuernos al otro? La almohada es más eficaz y menos dolorosa para ambos, pero hay de todo en la villa del Señor. Otro porcentaje absurdo en mi opinión es que el 12% es infiel para volver a encender la llama matrimonial (¿?, sin comentarios). Algunos adúlteros creen que serle infiel a la pareja puede salvar su matrimonio, ya que a veces ayuda a valorar lo que hay en casa. Creo que si te has decidido a ponerle los cuernos a tu pareja es porque ya no la valoras, pero allá cada cual.
Así pues, el trabajo e Internet son los enemigos de las parejas fieles y puede decirse que la curiosidad puede matar a ambos gatos. También estos estudios demuestran que lo que es infidelidad para unos no lo es para otros. ¿Dónde está la barrera? ¿Dónde puede decir uno "ahora sí me siento engañado? Si decimos que es el contacto físico omitimos a todos aquellos que mediante Skype hacen guarreridas con desconocidos. ¿No es esto una infidelidad más? El límite lo pone cada uno de nosotros, tantas barreras como cornudos hay en el mundo. Para mí, la infidelidad es sinónimo de traición, de engaño, de ocultación de sentimientos, por ello si uno de los dos piensa más en otra persona que en su pareja, es decir, si esos pensamientos influyen en el comportamiento de la pareja respecto al engañado (si no hacen el amor, si no hablan, si está todo el día enchufad@ al móvil, si se arregla más para otros que para su pareja, si hace cosas anormales como sacar a pasear al perro a las dos de la madrugada...., en definitiva, si cambia su manera de ser, aunque no se haya ni siquiera besado con el otro, considero que la infidelidad está consumada. Recordemos que infiel significa no ser fiel, de pensamiento, por obra u omisión, como aclara mi tan "querida" Iglesia.

Conclusiones

Leído lo leído, las conclusiones de los estudios vistos y los artículos referidos al caso queda patente que el hombre busca sexo y la mujer amor, generalmente. Está claro que esta tendencia está cambiando y que la mujer cada vez más se comporta como un hombre y al revés. La mujer empieza a ver el sexo como algo puramente ocasional y sin sentimientos de por medio mientras que el hombre es consciente de que engañar por engañar no es la solución. Las posiciones masculinas y femeninas se acercan, una buena señal para entender la infidelidad desde el otro punto de vista. Aún y así, la historia sigue mandando en nuestra cabeza y la mayoría de encuestados siguen las pautas que hemos mencionado al principio de estas conclusiones. Nuestros impulsos animales siguen haciendo mella en la sociedad actual y vemos como día a día crece la infidelidad en el mundo. Debo dar la razón a mi pareja cuando dice que antes los juguetes se arreglaban para seguir disfrutando de ellos mientras que hoy día se tiran y te compras otros nuevos. Seguimos escogiendo el camino fácil y eso provoca que la sociedad se infantilice en vez de madurar, un graso error si queremos ser felices en nuestras vidas. No somos capaces de asimilar la rutina en pareja y por la razón que sea tampoco nos decidimos a solucionar este problema. Vemos como las infidelidades crecen a partir del quinto año de relación y cada vez es más usual que nuestros hijos vivan un tiempo con cada progenitor, que conozcan a lo largo de su vida varias parejas de sus padres, porque cabe recordar que el que ha sido infiel una vez lo será una segunda y una tercera, y que vean los divorcios como algo normal cuando debería ser al contrario.
También Internet juega un papel muy importante en esto de las infidelidades. El hecho es que la red nos ha traído mundos desconocidos, para bien y para mal, y nos ofrece oportunidades de engañar a nuestra pareja más fácilmente. Ahora sólo queda que construyan más hoteles para amantes y se desborde la euforia. Pero debemos recordar que la cuerda, si se estira mucho, se rompe.

Mi opinión personal

No me gusta engañar y no me gusta que me engañen. Ser infiel, cualquiera que sea el motivo (pensamiento, obra u omisión) es para mí una falta de respeto tal que veo imposible perdonar o pedir perdón (y eso que soy de la opinión que un error lo puede cometer cualquiera y que todo el mundo netece una segunda oportunidad). Pero la infidelidad no es un error, es un acto premeditado, pensado y meditado. Yo no digo que pueda uno enamorarse mil veces si quiere, pero antes ha habido un desenamoramiento que el adúltero ha omitido a su pareja por conveniencia, por puro egoísmo. El infiel, para mí, es una persona cobarde, insegura, egocéntrica, un niñato o una niñata malcriad@, una mala persona a la que no le importa nadie más que él mismo. Si uno decide follarse todo lo que se mueve me parece perfecto, pero no tengas una mujer para que te cocine o un hombre para que te cuelgue los cuadros. Hay que ser consecuente con nuestros actos. Además, creo que llegado el momento si decides ser sincero y decirle a tu pareja que ya no la quieres seguramente te lo agradecerá. Si no es así, si no se lo dices, estás haciendo perder a la otra persona un tiempo precioso para que pueda reanudar su vida con otro humano y poder ser feliz, ya que a tu lado no lo es.
Somos una sociedad que tenemos toda la información que queramos a nuestro alcance para usarla bien. Nadie nos obliga a estar con una persona a la que no queremos. Tenemos hombres y mujeres los mismos derechos y las mismas obligaciones. Veo muy injusto que uno de los dos decida que su pareja se merece que sea infeliz. Y ahora me pongo un poco borde y me dirijo a todos aquellos infieles que puedan leer estas humildes líneas. Te digo a ti, infiel: eres un/a hijo/a de la gran puta. Si quieres ir de flor en flor pues hazlo, pero no jodas a nadie. Si te enamoras pues enhorabuena, pero sé sincero con la persona que compartes cama y no pensamientos. Y también digo lo mismo al amante, si sabes que con quien te acuestas está casado/a, eres tan cómplice e hijo/a de la gran puta como tu querid@, además de idiota, porque el día de mañana otro/a te hará lo mismo que has hecho tú y entonces opinarás que el otro/a es una zorra o un desgraciado que se ha metido en tu relación, tal y como tú hiciste. Y es ser un idiota pensar que lo tuyo fue diferente porque estabas enamorado/a. Tengo un lema: no hagas a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti. Me enorgullezco (sí, me enorgullezco, ¿qué pasa?) de jamás haber metido los cuernos a otra persona. Me enorgullezco de haber ido con la verdad por delante y haber acabado con una relación cuando ya no sentía nada por la otra persona, sin miedo a estar solo, apañándomelas como pudiera, pero sin engañar a nadie. Sé que no todo el mundo actúa como yo y seguramente habrá por ahí capullos que piensen que ser justo y sincero con tu pareja sea de gilipollas y me parece bien, pero de buen seguro que a ti no te gustaría que te los pusiesen. El respeto es la base de la convivencia, ya sea en nuestro hogar, en nuestra comunidad o en nuestro país. Hasta que el respeto al igual no se imponga en nuestra cabeza al egoísmo seguiremos siendo tan animales como lo éramos hace 40 millones de años.
No puedo decir cómo saber si tu pareja te engaña, no soy adivino y lo cierto es que hay gente que es una experta en mentir. Lo que sí puedo hacer es decirte cómo debes actuar si no quieres que tu pareja te ponga los cuernos basándome en lo estudiado. Mujer, si no quieres que tu marido te engañe dale sexo, mucho sexo. Hay un dicho popular que dice que señora en la calle y puta en la cama. Pues eso, debes ser una puta en la cama, la mayor puta del reino. Piensa que si él te pide algo en la cama y tú no se lo das lo buscará fuera. El hombre debe salir de casa con tal empacho sexual que vea una minifalda por la calle y vomite. Así de simple. El hombre es feliz si folla mucho y le dejan ver en la tele su programa favorito. Sí, animales simples y de costumbres.
Hombre, si no quieres que tu mujer te ponga los cuernos también debes darle sexo, pero sexo bueno, del romántico, de ese que se hace cuidadosamente, acariciando, besando, susurrando y jamás la dejes sin orgasmo o has cavado tu propia tumba. Porque al igual que tú, ella buscará fuera lo que no tiene en casa. Además, debes decirle cada día lo preciosa que es, lo bien que le queda la ropa, que la amas, que la deseas y que sin ella estás perdido. Debes llevarla a cenar de vez en cuando, llevarla a bailar o dejar que vaya a bailar con las amigas y no enfadarte por ello. Debes ser detallista, cariñoso, comprensivo, atento, y debes saber escuchar sin interrumpirle para darle unas soluciones a su problema que a ella le trae al pairo. Debes darle libertad, seguridad, compromiso, debes acertar con su regalo de cumpleaños, cocinar para ella, saber hacer masajes en los pies y conocer a todos los integrantes de Gran Hermano. No puedes mirar a otras mujeres por la calle y lo ideal es que critiques a todas aquellas mujeres que tú te follarías poniéndolas por debajo de ella. Debes hacerle sentir única, especial, insuperable, segura de sí misma. Así de simple.
Quiero acabar con una frase de Benjamin Franklin: donde hay matrimonio sin amor, habrá amor sin matrimonio.

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