sábado, 15 de abril de 2017

Tsukuba, Japón, 1994

-Buenos días, ¿señor Kisler? Soy Yuko Yasiga.
-Buenos días, adelante, por favor, están en su casa.
-Gracias.
Yasiga entró en casa del señor Kisler acompañada de un cámara y el encargado de la iluminación y el sonido.
-Pasen al salón, por favor. Allí estaremos más cómodos para hacer la entrevista. ¿Desean café?
-No gracias, venimos desayunados -contestó con educación la nipona Yasiga.
Tras quince minutos moviendo muebles para dejar espacio para el trípode del cámara y la iluminación, Yasiga, sentada en un cómodo sillón de piel marrón frente a Kisler, también sentado en un sillón de piel marrón, relató a Kisler los hechos y lo que se esperaba de él.
-Le cuento, señor Kisler. Hemos venido a verle para que dé su opinión sobre un asesinato que ha conmocionado Japón. Esperamos que con su experiencia en análisis de conducta de asesinos pueda ayudarnos a despejar algunas dudas sobre este macabro suceso.
-Me parece bien -contestó Kisler tranquilamente-. Exponga lo sucedido y veré en qué puedo ayudarle.
-Bien. Hace unos días se encontraron tres bolsas de vinilo flotando en la bahía de Yokohama. Dentro de las bolsas se encontraron los cadáveres de Eiko Yokomoto y sus dos hijos pequeños, Manami, de dos años, y Yusaku, de un año de edad. Hace unos días que Iwao Yokomoto denunció la desaparición de su mujer y sus hijos, aunque confesó a la policía que no le preocupaba demasiado, ya que posiblemente se habrían ido a casa de los padres de ella de visita. El señor Yokomoto es un médico eminente en Tsukuba. Tiene treinta y un años y es jefe de medicina interna del Hospital Howarei. En el hospital le consideran un hombre trabajador, sereno y tranquilo. Cabe decir que el señor Yokomoto procede de una familia acomodada y los niños van a un colegio que pocos se pueden permitir pagar.
El señor Kisler, jubilado ya del FBI, escuchaba atento a la periodista, tomando notas en un pequeño bloc que apoyaba en su rodilla derecha.
-Lo curioso del caso es que los tres cuerpos están atados con tres cuerdas alrededor de abdomen, piernas y pecho, cada una de distinto color. Dentro de las bolsas hay unas halteras puestas para que los cuerpos se hundieran. La mujer va vestida con ropas normales, tiene los pies limpios y descalzos. Los gases emitidos por la carne en descomposición han contrarrestado la fuerza de las halteras y han llevado las bolsas a flote. Según la policía las causas de las muertes han sido el estrangulamiento. Las cuerdas de colores hacen creer a la policía que ha sido un ritual satánico de alguna secta desconocida. También se barajan las hipótesis de ser un acto de venganza por algún suceso del hampa, tal vez relacionado con el mundo de la droga, o que los Yokomoto hayan sido ejecutados por error y que el blanco fuera otra familia.
-¿La policía ha tomado declaración al señor Yokomoto? -preguntó Kisler intrigado.
-Sí, por supuesto, pero no sospechan de él. Ya debe saber que aquí en Japón a la clase alta se la tiene en gran admiración y respeto.
-Entiendo -dijo el señor Kisler.
-¿Y bien? ¿Podría darnos un perfil del o de los asesinos? Soy consciente de que no le he traído fotografías ni los informes de la autopsia, pero tratándose de una eminencia como usted… -preguntó la periodista.
-Le daré mi opinión con las pocas pruebas de que dispongo. Lo primero que se me viene a la cabeza es el lugar donde han encontrado los cuerpos y las condiciones en las que se encontraban. Este hecho me dice que el asesino tenía un enorme interés en sacar los cadáveres de la casa, separarlos del entorno familiar, del lugar del crimen. Tampoco quería que la policía los encontrase, de modo que los arrojó al agua e hizo que se hundieran. El hecho de que estuvieran los tres cadáveres en el mismo lugar me indica que quería deshacerse de los cuerpos rápidamente. Eso indica miedo. Enterrar los cadáveres requiere tiempo. Además, si no quería que fuesen desenterrados por perros debía cavar tres hoyos muy profundos. Y para no ser visto debió actuar de noche. Posiblemente cargó los tres cadáveres en un coche grande o furgoneta bien entrada la madrugada y había buscado un lugar desierto, que seguramente ya conocería. Una manera segura y rápida de deshacerse de los cuerpos era aparcar cerca de la orilla del mar, arrojar los cadáveres a la bahía y seguir su camino.
>>La limpieza de los cuerpos, sin heridas ni magulladuras indican que los crímenes no se habían llevado a cabo simultáneamente, sino uno detrás de otro. Las víctimas desconocían su suerte y la de los otros miembros de la familia. Si hubiera dado muerte a una de ellas mientras las demás estaban presentes, se habría originado un forcejeo que habría producido destrozos, y sin embargo no había ni rastro de pelea. Esto me sugiere que las víctimas probablemente conocían a su asesino. Además, no hay justificación del asesinato. La mujer no ha sido violada ni los niños mutilados. Tampoco han robado nada ni desvalijado la casa. Por esto puedo concluir que ha sido un crimen con una causa personal, no material.
-¿Qué nos puede decir de las ligaduras? -preguntó la entrevistadora.
-La manera de atarlos -respondió Kisler ojeando sus notas-, con cuerdas de colores siguiendo el mismo orden en todos los cuerpos, me sugiere que es una persona muy metódica, un ser compulsivo. Una persona que tiene que hacer las cosas siempre del mismo modo. Los ató ya muertos, así que puede tratarse de un ritual compulsivo, con significado para el asesino. Esto, junto al hecho de que envolviese los cuerpos en una bolsa, me sugiere que puede haber una relación personal entre el autor y sus víctimas. No tenía ninguna necesidad de proteger los cuerpos para lanzarlos al agua sino fuese porque el individuo sentía afecto por sus víctimas y quería evitar que los cuerpos se mojasen o fuesen mordisqueados por los peces. Este intento de protegerlas, incluso una vez muertas, indica que el asesino conocía a sus víctimas. Las cuerdas y las bolsas de plástico me indican remordimiento. Para el asesino, tirar los cuerpos al mar desnudos y desprotegidos es un acto degradante y humillante para las víctimas cuando las encontrasen, por eso no las desvistió.
>>Creo que el motivo de los asesinatos está relacionado con la mujer. Los niños han sido, como se dice, un daño colateral. Es más, dudo que quisiera matar a los niños, no representaban ninguna amenaza para matar a su madre por su corta edad. Podría haber matado a la madre y dejar a los niños vivos para que se criasen con el padre, por ejemplo. Esto me sugiere la idea de que el asesino no querían que los niños se criasen sin su madre, así que lo mejor era enviarlos todos juntos al cielo. Es un acto de consideración muy extraño, tal vez un insólito acto de amor; no del amor que nadie desearía, por supuesto, pero es innegable que al asesino le preocupa que estos niños tengan que crecer sin su madre.
-Entonces, el perfil del asesino es… -dijo Yasiga.
-Mi primera hipótesis es que se trata de un ciudadano japonés, porque la presencia de un extranjero en el vecindario de la casa de los Yokomoto habría sido advertida por los vecinos, y también porque, como ya había señalado, las víctimas conocían al atacante. También intuyo que es un varón, porque la mayoría de los crímenes de estas características los cometen hombres y porque la fuerza y el peso requeridos para llevar a cabo los crímenes y deshacerse de los cadáveres son superiores a los que una mujer media puede acarrear. Actuó en solitario, porque tiene un motivo que sólo él conoce para matar a estas personas. No se trata de una agresión sexual, ni tampoco de un robo. No es un loco o un psicópata, ya que habría desorden en el lugar del crimen. Es una persona inteligente, organizada, muy compulsiva, que cometió el crimen con premeditación y planificación, pero que al mismo tiempo sentía miedo y quería deshacerse de las víctimas con la mayor prontitud posible. La edad del autor estaría entre los veinticinco y los cuarenta años. Una persona conocida por las víctimas, que podía entrar en la casa sin causar alarma y que había planificado el crimen durante días o semanas a causa de recibir presión o estar estresado. Es una persona que se viene abajo rápidamente. Yo buscaría tensiones anteriores al crimen: problemas económicos, problemas conyugales, problemas en el trabajo; todos ellos están relacionados con el estrés y pueden llevar a que el juicio de una persona se debilite extraordinariamente.
-La policía ha interrogado al señor Yokomoto. ¿Cree que podría ser un sospechoso?
-Creo que la conclusión lógica sería investigar al marido. Tiene una profesión que casa a la perfección con su metodología, naturalmente es un conocido para los niños y la mujer y también le une a las víctimas una relación afectiva. También es lógico que como padre que “ama” a sus hijos no quiera que éstos crezcan con el recuerdo de una madre asesinada por su padre y éste cumpliendo condena en la cárcel, por no mencionar la estigmatización social a los menores en un país tan conservador como Japón.
La periodista no ocultó su sorpresa por la sospecha de Kisler hacia la implicación del marido en el crimen.
-Se me hace muy difícil creer que un hombre tan admirado en su profesión como es el doctor Yokomoto haya podido asesinar a sangre fría a su mujer e hijos.
-Bueno, el hecho de que una persona sea médico, abogado o juez, no quita que no pueda asesinar. Las capas más altas de la sociedad también producen comportamientos homicidas a causa de situaciones extremadamente estresantes. En estos casos el primer investigado es el marido o padre, si su coartada es válida entonces se debe seguir ampliando el círculo con amantes, familiares, vecinos, socios, etc. Pero en mi opinión, creo que el principal sospechoso en este caso es el marido.
Días más tarde Kisler pudo leer en la prensa que el señor Yokomoto, efectivamente, había asesinado a su familia. Por lo visto la afición al juego de él y de su esposa los había llevado a la quiebra y la señora Yokomoto le había amenazado con el divorcio y su ruina económica. Sólo la mención de que la policía se había basado en la entrevista que le hizo la periodista Yasiga a él para esclarecer los hechos le hizo sonreír.

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